En mi comentario correspondiente a la página editorial de diario El Mercurio del lunes 1 de diciembre del 2025, y cuyo título era “Sana Envidia”, al relatar declaraciones del doctor Leonardo Alarcón, recién posesionado como presidente del CPCCS, escribí: “ratificó que el proceso para designar nuevo fiscal general continúa en curso y que el nombre de la autoridad elegida se conocerá en un máximo de seis meses. La designación referida debió realizarse en abril pasado (2025)”. Y continúo: “No es que seamos desconfiados gratuitamente, pero los antecedentes a la mano nos llevan a pensar que va a ser muy difícil que el CPCCS nos tenga con nuevo fiscal para junio próximo (o sea el presente mes), cuando se cumpla, en el mejor de los casos, trece meses más del tiempo en que debió ser designada tan alta autoridad”.
¡Lo dicho, amables lectores, lo dicho ¡Y no me da gusto para nada el haber acertado en mi pesimista presagio, hubiera preferido equivocarme redondo y que el nuevo fiscal de la nación se encontraría en funciones “ya que vidas”! Pero la dura verdad es que el CPCCS ya lleva más de un año de un atraso vergonzoso y con la noticia de la semana pasada que en el pleno del organismo no existieron los votos necesarios para aprobar el informe de la Comisión de Calificación, ¡frito el pollo!
Así es que, a menos que se quiera seguir el mal ejemplo del CNE, donde algunos vocales ya están haciendo cuentas para solicitar su jubilación, habrá que pensar el algún mecanismo que nos permita a los ecuatorianos tener un fiscal general titular y designado en estricto apego a la ley, por lo que, y en honor a la futbolización global, no sería descabellado el pensar en la intervención de “árbitros extranjeros”, que de pronto, no solamente que nos ayudan a resolver el entuerto de la fiscalía sino que además nos van dando una mano en lo de la renovación de las autoridades electorales y en las del mismísimo CPCCS. He visto en mi vida intereses mezquinos, pero la obsesión por el poder de ciertos actores políticos actuales es “de campeonato”, sin importar cuanto deban obstruir un proceso y bajo que maniobras, con tal de lograr el manipuleo de los organismos de control. (O)







