Un muy importante libro que relata una historia de la vida real, que ocurrió en el Ecuador y muy particularmente en la Cuenca de 1857, se interesó a punto de desempolvar la historia en viejos papeles, corroídos por el paso del tiempo y camuflados por las costumbres de una sociedad en algún sentido cómplice de actos absolutamente injustos y saturados de misoginia. La “Librepensadora y poeta”, esta mujer que inspira al autor de una muy singular obra, en donde se indaga con el rigor y el atrevimiento que exigen, mostrar la recia personalidad de una mujer nacida en días de oscurantismo y ocultamiento de las cualidades femeninas. Mujer, con aires de libertad, de albedrío, de pensamiento, de escribir las injusticias de la sociedad de aquellos días. Nació en 1829 en la ciudad capital, de padre cuencano, Don José Veintimilla y Álvarez. Y Doña jerónima Carrión y Antepara de origen lojano y guayaquileño, respectivamente.
Desde su niñez mostró una singular inteligencia y, estudió en los mejores centros de la época, además de música y pintura. Su avidez por la lectura, le condujo a ser propietaria de una gran biblioteca, que nutría su espíritu cargado de libertad en el mas alto espectro. Su amor por las letras, le inclinó a escribir poesía de muy temprana edad. En esta época en la que resultaba ser prohibido el pensar para las mujeres. Su pensar, se vio reflejado en una sentencia de Manuelita Sáenz: “Yo no vivo de preocupaciones sociales para atormentarme mutuamente”.
A sus 18 años, contrajo matrimonio con el Dr. Sixto Galindo, médico de Nueva Granada, residente en Ecuador, quien apoyó continúe sus estudios literarios. En matrimonio se trasladó a Guayaquil y en 1854 a Cuenca, ya con su hijo Santiago de 7 años de edad. Su esposo decide viajar a Centroamérica por estudios médicos, dejando a Dolores sumida en un mundo de soledad. Esto motivó que organice tertulias literarias con los mejores círculos cuencanos, en tanto se gestaba un repudio clerical contra Dolores por su espíritu explosivo de libertad, que concluye alimentando su epilogo con la ingesta de cianuro, para que el cadáver sea enterrado no en el cementerio sino en la quebrada del diablo. Sus letras son el mejor testimonio de respeto a su protesta, a su inteligencia y a su libertad. Felicitaciones para Simón Valdivieso Vintimilla, que como fogueado investigador, encontró mucha información, impresa en una valiosa obra, de obligada lectura. (O)







