Qué titánico lo que han hecho. La plena que, antes del partido, tenía poca o casi nada de expectativa del encuentro. Tanto así que, a los dos minutos de que Alemania nos hizo el gol, me fui nomás a seguir con mis tareas. Algo escuchaba en las oficinas contiguas hasta que, de un momento a otro, todo se enloqueció. De curioso miré el celular y vi el golazo del empate. Me quedé helado. Era como en los viejos tiempos, cuando Ecuador era una tromba con ñeque y corazón.
La verdad, parecía otro equipo. Como el de las eliminatorias que provocaba respeto y temor en las otras selecciones que enfrentábamos. Es que las voces del fútbol decían que Ecuador iba a dar la sorpresa en el Mundial. De pronto no se equivocaron, porque en los dos primeros partidos nos sorprendimos por el nivel tan pobre que demostraron.
Carajo, pero ayer la cosa cambió. No sé qué pasó en los camerinos durante esa semana hermética, pero los muchachos no desperdiciaron una sola pelota. Las pelearon todas. Dejaron todo en la cancha y eso es lo que estábamos esperando. Esa sed de gol que exigíamos desde el inicio del Mundial. Es que cuando uno miraba los deportes los fines de semana se sorprendía del nivel que demostraban en sus clubes. Caramba, hasta campeones de la Champions y en el Mundial no parecían ni un equipo de barrio.
Pero, en fin. Viendo los memes dicen que, como todo ecuatoriano, dejamos todo para el último. Y creo que fue así. La hinchada no dejó de alentar. Era un amarillo total. Creo que hubiera sido injusto regresarnos haciendo un papel paupérrimo, sabiendo que estamos llenos de elementos grandiosos. Que falta un timonel, que hay jugadores becados, que la Federación hizo una pavada, no lo sé. Tampoco me corresponde opinar porque no es de mi incumbencia. Escribo como hincha que ayer vio renacer a un equipo de las cenizas.
Y lo que ocurrió ayer merece una analogía con nuestras vidas. Si la estamos pasando mal, no dejemos de alentar. De “meterla”, como dicen los futbolistas. De creer en uno mismo. A veces nos encontramos cuesta arriba, pero la diferencia radica en seguir intentándolo. Algo ha de pasar y aprenderemos la lección. Ahora sí, a disfrutar este momento y esperar lo que pase en el próximo encuentro. ¡Mi Ecuador del alma! (O)





