Llanto y dolor  II

El 24 de junio pasado se produjeron en Venezuela dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que afectaron al estado de la Guaira, además de distintas zonas de norte del país y la ciudad de Caracas.

Es lamentable que esto suceda en un país cuyas instituciones y servicios públicos están en crisis, con hospitales con recursos limitados e infraestructuras vulnerables y en un territorio situado entre las dos placas tectónicas con mayor actividad de sudamérica.

El panorama tras el terremoto es desolador, por las víctimas que yacen entre los escombros, el colapso de las redes de comunicación, la destrucción de edificios, viviendas, calles y carreteras; así como la necesidad de atención urgente, para los de miles de heridos.

Venezuela es un país como tantos otros, donde reina el hambre y la miseria, donde los hijos de la infelicidad penan como esclavos en los campos, a fin de alimentar a los fuertes y llenar el estómago de los tiranos. En vez de llegar la paz, la justicia y la prosperidad, tan anhelada por sus habitantes para ser salvados de las garras de la indigencia; un devastador terremoto se hace presente, dejando grandes secuelas de llanto y dolor.

Las espeluznantes imágenes trasmitidas por los diferentes medios de comunicación, nos permitieron constatar la magnitud de la tragedia; la furia de la madre tierra se hizo presente; millares de sobrevivientes, deambulan sobre cadáveres dispersos  sobre las calles de la Guaira y de otras zonas de Venezuela; madres desesperadas, con sus tiernos hijos en  brazos, escuchan impotentes el llanto de hambre y dolor de sus vástagos, el cielo vierte lágrimas sobre los campos, valles y humedece las blancas mortajas que cubren los cuerpos de miles de víctimas de esta catástrofe.

La naturaleza humana es codiciosa, porque este tipo de avidez es característica de su vida. El hombre comparte este rasgo con otras especies no humanas; el ser humano, gracias a su consciencia, puede darse cuenta de su codicia, puede saber que su vida, basada únicamente en el poder para dominar a la naturaleza; es destructivo para sí mismo. Para que la existencia del ser humano continúe, el hombre debe comprender que su conducta influye en la armonía de la naturaleza, y por eso debe regular rigurosamente toda acción que pudiera tener efectos adversos.

El desafío es RECONSTRUÍR A VENEZUELA y en esa tarea la misma comunidad local e internacional tienen un enorme compromiso.

Venezuela es hoy un protectorado de EEUU. Merece no solo la reconstrucción de los graves daños de su infraestructura; sino también recuperar la democracia y la paz. Es imperativo que la común. (O)

Dr. Hernán Abad

Dr. Hernán Abad

Médico Neumólogo, Postgrado Universidad de Chile. Socio fundador Academia Ecuatoriana de Literatura Moderna e Historia. Miembro activo del Club de Leones de Cuenca.