Miopía oficial

La selección del proyecto para el nuevo Museo Nacional ha generado preocupación en un segmento de la población que, al calor de las redes sociales, parece haberse convertido en un apasionado tribunal de críticos arquitectónicos. O al menos así ha interpretado la controversia el anterior Ministerio de Cultura, hoy reducido a viceministerio, que ha intentado zanjar la discusión ofreciendo más explicaciones técnicas sobre el proyecto. Sin embargo, lo que está en juego no es solamente la forma del edificio. Frente a las dudas sobre opacidad y posibles manipulaciones, lo que se exige es transparencia y confianza.

En Guayaquil, en cambio, la conversación gira en torno a la salud del alcalde Aquiles Alvarez, trasladado de emergencia desde la Cárcel del Encuentro hasta una clínica por una complicación en la vesícula. El ministro del Interior, John Reimberg, afirmó que Alvarez rechazó someterse a la operación recomendada y exhibió un documento firmado para deslindar al Estado de responsabilidades. La esposa del alcalde, Fiorella Ycaza, y su abogado, Julio César Cueva, sostuvieron otra versión: no hubo una negativa a la cirugía, sino la solicitud de programarla con médicos de confianza y después de realizar nuevos exámenes.

Asumir que el problema radica en el gusto arquitectónico o en la firma de un formulario es una muestra de la miopía con la que el Gobierno enfrenta relatos que rápidamente se convierten en crisis. En Quito, la discusión incluye preguntas sobre un proceso de adjudicación cercano a los 100 millones de dólares, su integración urbana, identidad arquitectónica y transparencia técnica y financiera. En Guayaquil, la controversia está atravesada por las dudas sobre el uso de la prisión preventiva y por la percepción de que el sistema judicial puede convertirse en una herramienta de persecución política. El Gobierno puede insistir en que ha cumplido las formalidades, pero la ciudadanía cuestiona la legitimidad y el sentido de sus decisiones. Ignorar esta realidad contribuye a explicar su desgaste: según CIEES, la gestión gubernamental registra una calificación de apenas 26%.

REM

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REDACCION EL MERCURIO