De un buen tiempo atrás se lee frecuentemente en los distintos barrios, pancartas en sendas letras rojas y grandes, que intentan explicar su organización como barrio y comunidad y que los maleantes y delitos, no serán tolerados por el conglomerado. Ladrón cogido será quemado. Cuidado, barrio organizado y muchos por el estilo con franco carácter de amedrentamiento y defensa barrial, florecen en las calles y todo debido que policía y entidades de guardia ciudadana, no se dan abasto con la proliferación de maleantes y vacunadores.
Las Herrerías, estrecha y singular vía de las primeras de Cuenca colonial, que fue solo para acémilas y herreros, no escapa a este dilema. De un solo lugar que fue el primero con la iniciativa, tiempo atrás y que ofrecía las delicias ancestrales tales como humitas, tamales de maíz y papa, chiviles, chachis, bolones de verde, tigrillos, tortillas de choclo y más delicias, hoy muchos lugares con sus oliscosas y enormes ollas, atraen inmensa clientela y que en mesas humildes y callejeras improvisadas y en casas patrimoniales de medias aguas, no dan abasto a la clientela, que paladea allí mismo con un café pasado estos deleites y otras muchas familias piden los apetitosos productos y se los llevan a sus casas.
De un tiempo atrás, un buen grupo de hombres, en su mayoría venezolanos, han visto la posibilidad de subsistir colocándose chalecos que explican que son encargados del parqueo en las pocas, poquísimas plazas que se abren en el aquelarre de vehículos. Algunos respetuosos y cordiales y dos especialmente maleantes, el uno con tolete en mano y con el tipo salto brinco de los pillos unidos a droga y al bajo antro, cometen atropellos y muchos vecinos se quejan de sus maltratos. Uno de ellos, el alto, entra al parqueo que es público, gesticulando y tarareando alguna melodía de baja estopa, usa el baño para sus necesidades y se lava luego la cabeza, dejando todo mugriento y mojado y al salir, cuando lo increpamos de que el baño era un lugar solo para clientes, le faltó boca para el insulto y revoleando el tolete se largó sin parar en sandeces. También comienzan a llegar motos de parejas de colombianos, que por su hablar se los conoce a leguas y no precisamente para comprar humitas, dándome la impresión de que están organizando el lugar para expendio de estupefacientes. El UPC que existe en media cuadra, debería aumentar personal, dada la afluencia de ciudadanía y atropellos y dedicarse a controlar los desafueros, más la mayoría de las veces está cerrado y si no, con dos policías pacientes y de vacaciones. El barrio debe organizarse y empezar nuestra defensa, ya. (O)






