Sin disimulo alguno se juega, se negocia, se apuesta con la democracia ecuatoriana. Niegan al pueblo el derecho a la revocatoria de mandato, con una grosera intervención en la función electoral, cometiendo un serio agravio a la Constitución y a las Leyes. Pero, para mostrarse “democrático” nos consultan sobre el diseño de un inmueble que, por más necesario que sea, es un burdo intento de distraernos. La desconfianza ciudadana frente a la caótica situación de partidos y movimientos políticos, la cancelación de algunos de ellos, el inicio de enjuiciamientos a autoridades locales y líderes sociales en “perfect timing” para los intereses empresariales que nos gobierna, está llevando al estado derecho a un peligroso despeñadero. Si esto es grave y preocupante, es muchísimo más el “copy-paste” del “modelo noboísta” en ciertas esferas e instituciones de los gobiernos locales, en servil obediencia al llamado del señor Reimberg: “necesitamos alcaldes que trabajen con el gobierno nacional”. La democracia no se defiende con discursos vacíos ni con consultas cosméticas, sino con instituciones sólidas, ciudadanía vigilante y un Estado que respete la Constitución. Si seguimos tolerando el servilismo y la injerencia, el país quedará condenado a repetir modelos autoritarios disfrazados de modernidad. La pregunta, entonces, no es si tenemos democracia, sino si estamos dispuestos a recuperarla y sostenerla con dignidad. (O)





