El descontento es característico en el ser humano. Constantemente estamos descontentos con algo o con todo. No nos gusta esto no nos gusta aquello, en fin. Más si es sobre injusticia social cuando pocos tienen todo y muchos poco o nada, situación que lleva a reclamos sumamente violentos que conlleva muerte.
Después de la Revolución Cubana que los especialistas llamaron tiernamente “protesta romántica” pero que triunfó, para sorpresa de ellos mismos, se desató en el mundo y en el continente americano un enfadado armado generalizado desde México a Argentina, sin excepción de ningún país. Y fue aquí donde grupos civiles armados se multiplicaron y aparecieron irritadamente con diversos nombres como: Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP), Ejército del Che Guevara, Movimiento Justicialista, Montoneros, etc., la mayoría de inspiración peronista a cuyo mentor, Juan D. Perón, lo consideraban un profeta proscrito.
Las acciones violentas generaron la normal reacción enérgica del otro lado. Los grupos de poder no iban a dejarse quitar lo que injustamente poseían así no más por que sí. El Estado en el medio sin poder decidir a quién reprimir. Montoneros incluso secuestro y asesinó, después de un “juicio popular”, a un expresidente, Aramburu. El golpe de estado de la Junta Militar argentina de 1976 colapsó a los civiles izquierdistas armados a un costo de sufrimiento muy caro, lamentablemente.
Repentinamente ellos se vieron en una rémora por temor a sus hijos. Si los dejaban en el país sus opositores-enemigos de seguro los matarían, previa tortura. Es entonces cuando surge Cuba como una dolorosa solución, dolorosa por el alejamiento de los seres queridos. Secretamente los mandaron allá y el país les dio cobijo, educación, alimentación y protección hasta que Argentina se normalizara políticamente. Los niños que llegaron allí se hicieron adolescentes, éstos, jóvenes y los mayores de edad, profesionales. Un edificio grande, mal iluminado, recuerda esta buena acción de la nación caribeña. (O)






