En la vía encontrarás perros sin dueño, con hambre y con frío. O allí fueron echados por sus dueños. O prefirieron la carretera que seguir en casa de sus dueños, también con hambre y con frío.
También verás que en las orillas de la vía abunda la basura chatarra, esas vajillas descartables en las cuales, por lo general, se lleva comida chatarra.
En la “Y” de La Jarata, fin del asfalto.
Si vas a donde te digo te espera el polvo. El vehículo como que quiere darse un clavado; culebrea, además.
Un joven, luciendo sus “7 vidas”, echa agua a la vía en cuya orilla un hombre alza su diestra.
Si vas para allá, “anda entrando” en casa de Homero Cabrera. Ofrece trigo, cebada, máchica. Ah, y el “pancito de harina de trigo”, tostado en horno de leña. Los tiene de dulce; de sal, también.
– “Pruebe unito y verá”
– ¿De verdad que son hechos en horno de leña?
Don Homero te llevará a que veas el horno. Su esposa, Natalia Garzón, te dirá que es el segundo horno. Que fue fabricado hace 35 o 40 años por sus padres cuyo oficio heredó.
Está calientito el horno. El barro se ha endurecido tanto, que “no entra ni siquiera una bala”.
El pan no es horneado en latas, sino sobre ladrillos; sobre todo es de harina de trigo; no de la blanca, blanca por ser procesada.
El sector se llama San Marcos, vía a Chaya, conocida como Las Nieves, parroquia de Nabón.
Don Homero, doña Natalia, te contarán tantas cosas lindas. Te harán olvidar de esas otras cosas que en la ciudad te agobian, sobre todo del albañal de la política, donde ni siquiera se respeta la vejez lúcida, valiente y crítica.
Serpentea que serpentea llegarás a Chaya, un pueblito asentado en un erial. Al fondo fluye el río León. Entre casitas de adobe y de teja; entre “chalca” y sambales, sobresale la iglesia. Allí está la imagen de la Virgen de Las Nieves, cuya veneración, en estos días concentra a miles de creyentes. Acaso los únicos días del año en los cuales el pueblito se llena de gente.
Anda, anda a Chaya. Aquí el curita “ha sabido” tratar de “hijitos”. También se ofrece a bendecir los carros. Nombra a tus muertos. Si quieres, te colocan en la cabeza la corona de la Virgen, así digas que eres agnóstico.
Si vas para Chaya, anda donde doña Rosa Ordoñez, una de las últimas “tiesteras” que aún quedan.
Te mostrará los tiestos, tiestos para tostar café, ollas de barro, jarrones. Los hace con arcilla, arcilla que se vuelve dócil tras un trabajo duro, agotador.
Si ves sus manitos, sus talones heridos, si le pides que te cuente cómo es su trabajo, no te darán ganas de pedir rebaja.
Chaya, luego de su fiesta, volverá ser, lo supongo, el pueblito donde mora el silencio, la paz; donde no importa si el tiempo vive o muere. (O)









