El avance electoral de las derechas en América Latina no puede explicarse únicamente como una transformación ideológica del electorado. Desde la ciencia política, resulta más preciso observar un nuevo movimiento del péndulo regional, impulsado por el voto retrospectivo, la desafección democrática y una creciente crisis de representación. Los ciudadanos evalúan gobiernos por resultados. Inseguridad, bajo crecimiento, desempleo, corrupción y deterioro de los servicios públicos generan escenarios en los que el voto funciona más como castigo al oficialismo que como adhesión permanente a una doctrina.
Así, parte del electorado que ayer respaldó proyectos de izquierda puede hoy optar por alternativas de derecha sin haber modificado integralmente sus valores políticos. A ello se suma la fragmentación de los sistemas de partidos. Las organizaciones tradicionales han perdido capacidad de intermediación, mientras emergen liderazgos personalistas que articulan discursos de orden, seguridad, eficiencia económica y rechazo al establishment, amplificados por las redes sociales.
Por eso, hablar simplemente de una -derechización- regional puede resultar insuficiente. América Latina parece atravesar, más bien, una etapa de volatilidad electoral y debilitamiento de las lealtades partidarias. El desafío trasciende a izquierdas y derechas: reconstruir representación, fortalecer instituciones y demostrar capacidad para gobernar. Porque cuando la democracia no produce respuestas, el péndulo electoral vuelve a moverse. (O)
X: @monicabanegasac





