A pocos meses de las elecciones seccionales, el debate se centra en las personas y en las polémicas que estas generan, y no en el contenido de sus propuestas ni en que estas sean coherentes y estén articuladas con el ámbito de sus competencias territoriales.
De nada sirve que los próximos candidatos hayan ocupado previamente un cargo de elección popular si posteriormente fueron fiscalizados por una gestión errónea de los recursos.
Tampoco se trata de una elección entre oficialistas y opositores. Por el contrario, a nivel subnacional, la representación se construye a partir de las necesidades de los vecinos, quienes, por su cercanía, conocen sus realidades y demandas.
Sin embargo, no bastan las buenas intenciones, las declaraciones vacías ni los mensajes que el elector quisiera escuchar. Es necesario que los planes de gobierno de los candidatos a alcaldías, prefecturas y juntas parroquiales sean coherentes con el ámbito de sus competencias, cuenten con un estudio mínimo de factibilidad y sean financieramente viables. Caso contrario, estamos frente a promesas demagógicas.
En este contexto, la academia, la prensa libre e independiente, el tercer sector y, sobre todo, la ciudadanía deben desempeñar un rol activo para generar espacios que permitan el debate y la discusión de propuestas pertinentes, articuladas y con sentido.
No podemos permitir que la campaña se traslade a las redes sociales y se reduzca a retos virales o bailes en TikTok. Los ecuatorianos nos merecemos mucho más. Nuestras necesidades deben ser atendidas por líderes que comprendan la realidad y, a la vez, sean verdaderos gestores, capaces de administrar honradamente los recursos públicos para atender las inmensas necesidades de la población. (O)
@andresmartmos







