Incertidumbre electoral

A pocos días de concluir el plazo para inscribir candidaturas, el escenario electoral sigue marcado por la incertidumbre. Pero el problema no está solamente en no saber quiénes terminarán compitiendo, sino en las condiciones bajo las cuales se ha construido esa competencia. El adelanto de las elecciones obligó a los partidos a acelerar decisiones, reorganizar alianzas y escoger candidaturas en función de sus posibilidades inmediatas antes que de programas políticos consolidados. Los extraños cambios de último momento son también consecuencia de un proceso que privilegió la urgencia electoral sobre la construcción de proyectos políticos sostenibles.

A esa presión se suma un mapa político alterado por las restricciones que afectan la participación del principal partido de oposición. Procesos judiciales y decisiones institucionales que todavía generan dudas han terminado incidiendo directamente en la oferta electoral. El problema ya no es únicamente qué organización participa o qué candidato queda fuera: también se modifica la capacidad de los ciudadanos de escoger la opción con la que se sienten representados. Ante esas ausencias, parte del electorado tendrá que buscar una alternativa que difícilmente podrá sustituir la propuesta política que originalmente quería respaldar.

En este escenario, la incertidumbre deja de estar solamente en quién ganará y pasa a concentrarse en quién puede competir y bajo qué condiciones.  El problema deja de ser exclusivamente electoral y se vuelve democrático. Un proceso de votación puede cumplir con todas sus formalidades y, aun así, llegar debilitado si la competencia se construyó con decisiones apresuradas y condiciones alteradas. Ecuador se aproxima así a unas elecciones en las que votar seguirá siendo posible, pero elegir plenamente puede resultar cada vez más difícil.

REM

REM

REDACCION EL MERCURIO