No importa si va a primero de educación general básica o a tercero de bachillerato, para una madre o un padre la palabra “guagua” poco tiene que ver con la edad o la estatura, ni siquiera con esa voz que de a poco se vuelve más gruesa o, con esa silueta que bajo la camiseta holgada, empieza a abandonar el cuerpo de niña… Sin darnos cuenta, la infancia va quedando atrás.
Ayer escuché a un amigo comentar que tenía que dejar a su guagua en el colegio, casi por reflejo le pregunté qué edad tenía, —Diecisiete — me respondió.
¡Diecisiete! Y es que a esa edad para muchos ya no cabe la palabra guagua, menos si calza más que su padre, si tiene la musculatura que exige la competencia entre pares o si aquel insistente “¿Por qué?” de la infancia se convirtió en cuestionamientos para todo y por todo.
¡Diecisiete! A esa edad la diadema de lacitos fue reemplazada por el rizador de mamá, la cremita Johnson cedió su lugar al splash de Victoria’s Secret y los muñequitos de felpa se guardaban conforme cambiaba el tono de la conversación… Empezamos a darnos cuenta que la infancia va quedando atrás.
Pero para los padres eso poco importa, nuestra particular teoría es sencilla: mientras lleve mochila, pida fiambre, aparezca en la cocina preguntando ¿Qué hay de comer? o pida ayuda para dejar reluciente el deportivo blanco, seguirá siendo nuestro guagua.
Podrá tener diecisiete años, estar a pocos meses de graduarse, pensar en la carrera que quiere estudiar y verse independiente a su ingreso a la “U”, pero mientras besemos sus mejillas, acomodemos sus cabellos y dibujemos con nuestra mano una bendición sobre sus frentes, seguirán siendo nuestros guaguas.
Y hoy, otra vez, los guaguas de Cuenca vuelven a la escuela y al colegio, se reencontrarán con la jorga y en cuestión de minutos, se pondrán al día con todo; saludarán con cariño al profe anterior, conocerán a uno nuevo, harán nuevos compañeros, se enamorarán, aprenderán a bailar para impresionar en su debido momento y afianzarán su amistad; pero muy probablemente también enfrentarán nuevos miedos.
Por cada guagua que ingresa por primera vez a la escuela, por aquel que empieza un nuevo grado, por quien pasa al colegio y por quien este año está a punto de egresar, deseo que encuentre siempre un lugar seguro, personas que sepan cuidarlo y una mano amiga que la sostenga mientras regrese a casa con la mochila cargada de historias y una que otra esquela característica de la mejor forma vida de todos los tiempos.
¡Que Dios bendiga a nuestros guaguas en este nuevo año lectivo! (O)





