Es inaudito que tras la derogatoria, en 2025, de la Ordenanza de Control y Ocupación del Suelo, el ejecutivo municipal se haya quedado cruzado de brazos.
Una derogatoria no supone que un asunto de tanta importancia para Cuenca se lo relegue.
Ahora que la tarea fiscalizadora ha “despertado”, los concejales Román Carabajo, Jenny Bermeo y Federico Guzmán, concluyen que la norma derogada facilita la construcción de edificaciones sin autorización, en especial en zonas urbano-rurales; que se embaúlan quebradas; que proliferan prostíbulos clandestinos; que licoreras abren sus puertas hasta la madrugada, y algunos barrios “se han dañado”.
El crecimiento urbanístico no puede quedar a merced de ordenanzas caducas; peor que nadie controle el uso del suelo, una luz verde para que cualquiera haga lo que se le antoje.
Sin pensarlo dos veces, la alcaldesa subrogante, Marisol Peñaloza, tiene que poner en marcha el tratamiento de la ordenanza que hace falta, socializándola con todos los sectores ciudadanos, y, por supuesto, con el cuerpo edilicio, una de cuyas tareas es la legislación.
En base a la información recabada en las diferentes direcciones municipales, a los tres concejales les preocupa, como a muchos sectores, el crecimiento inmobiliario que vive Cuenca en estos últimos años.
Se construyen grandes edificios departamentales, desconociéndose si también se ampliaron, en las zonas donde se emplazan, las redes de agua potable y alcantarillado. Algo más grave aún es la movilidad.
En esas edificaciones, los primeros pisos se arriendan para locales comerciales, restaurantes y otros negocios que atraen gente y vehículos en grandes cantidades.
La fiscalización pone el ojo en áreas como Control Urbano. Aquí, como dicen los ediles, mientras unos obtienen permisos en dos o tres meses; otros deben “esperar años”. Es una anomalía añeja que ningún alcalde ha resuelto enfrentarla.
Una ciudad sin control, sin planificación, va la deriva.








