Salvar a la Guardia Ciudadana

En Cuenca, la Guardia Ciudadana (GC), no pasa por buen momento. El diagnóstico que hace su comandante general, Guillermo Cobo, es lapidario.

La GC fue creada “para precautelar el orden, el espacio público y la convivencia pacífica”.

Para que Cobo, nombrado recién por la alcaldesa subrogante, Marisol Peñaloza, diga que su trabajo debe comenzar desde “bajo cero”, implica que la entidad ha ido de más a menos.

No tiene un local propio. El entrenamiento e instrucción formal al que deben someterse sus integrantes es una quimera.

Y no lo dice por un simple diagnóstico, sino porque años atrás ya la comandó. Tiene, por lo tanto, argumentos suficientes para hablar de una realidad que, además, es percibida por la ciudadanía.

Hay improvisación. Se ha preferido, según expresa, a los amigos y a personas sin el menor conocimiento de lo que significa al rol de la Guardia Ciudadana, otrora un referente a nivel nacional.

Nadie podrá objetar que Cuenca, ya no únicamente su Centro Histórico, se ha convertido en una “ciudad mercado”.

La informalidad aparece en todos los rincones; “alimentada”, además, por la llegada de vendedores ambulantes de otras ciudades.

La mayoría de las cientos de familias que vienen a Cuenca huyendo de la violencia o por otras razones, se dedica a esa actividad.

Tal parece que la población ignora qué mismo hace la GC, si mira que sus miembros se dedican al “chateo”, a “controlar” únicamente el perímetro determinado, o solo a ir y venir de un lado a otro.

Una muestra de ese panorama es que apenas trabaja el 50 % del personal; el otro 50 %, no. Resta saber por qué no lo hace. ¿A qué se dedica?

A eso se suma que hay 86 guardias, considerados como enfermos permanentes. Pero reciben sus sueldos.

Paradójicamente, la GC requiere de cuando menos 400 guardias adicionales a los existentes.

La pregunta flota por sí sola. ¿Qué se puede hacer si la gestión de la alcaldesa y de Cobo terminará con el 2026?

REM

REM

REDACCION EL MERCURIO