Qué dicen y qué no dicen los resultados de Ecuador en PISA 2025

Miguel Herrera, director del Área de Educación de la Universidad Andina Simón Bolívar. Cortesía

Miguel Herrera, director del Área de Educación de la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador, analizó los resultados de Ecuador en PISA 2025, en este artículo.

En 2019, las niñas y los niños que cursaban cuarto de básica rendían mejor que el promedio de América Latina en matemática, según los resultados del ERCE.

Esa misma generación, con dos años de escuelas cerradas en medio debido a la pandemia, acaba de hacer el PISA.

Los titulares hablan de un retroceso de Ecuador, ya que el país obtuvo 385 puntos en comprensión lectora, 393 en ciencias y 366 en matemática, frente a los 409, 399 y 377 de 2017, cuando participó en PISA para el Desarrollo.

No obstante, la conclusión de retroceso es engañosa porque parte de la comparación entre dos poblaciones distintas.

Nivel de escolarización

En 2017, solo el 60,6 % de las y los jóvenes de quince años estaba escolarizado y sin un rezago de más de dos años, que es la condición para entrar en la prueba; en 2025 lo estaba el 83,8 %.

Conviene leer esta diferencia con cautela, porque puede explicarse por el ajuste de las proyecciones de población tras el censo de 2022 y no por una mayor escolarización.

En cualquier caso, la OCDE corrige el sesgo de cobertura al medir la competencia mínima en el conjunto de jóvenes de 15 años y no solo entre quienes rinden la evaluación, asumiendo que quienes están fuera del sistema tampoco alcanzarían ese nivel.

Con ese indicador, la proporción de adolescentes de 15 años que alcanza el nivel mínimo de competencia subió del 29,9 % al 31,8 % en lectura y del 28,7 % al 33,5 % en ciencias, y apenas varió en matemática.

En este sentido, Ecuador no retrocedió. Lo que ocurre es que el promedio disminuye cuando la prueba alcanza una proporción mucho mayor de su generación.

Matemática

No obstante, en matemática solo dos de cada diez estudiantes alcanzan el nivel mínimo en PISA, mientras que la evaluación nacional Ser Estudiante, aplicada a esa misma generación en décimo de básica, indica que son casi cuatro de cada diez.

Diecisiete puntos de diferencia, justo donde se juega la distancia entre resolver el ejercicio de un libro y resolver un problema de la vida real.

La prueba nacional también revela este déficit competencial al detallar que en bachillerato apenas el 2 % del estudiantado alcanza un desempeño intermedio o avanzado en el estándar de funciones.

Lectura

En lectura, mientras tanto, las dos pruebas coinciden, con un 36 % y un 38 %.

En el ERCE 2019, esa misma generación estaba en la sexta posición en matemática entre los doce países latinoamericanos que también participaron en PISA.

Hoy es novena y en la lectura pasó del séptimo al octavo puesto. Perdió posiciones, sobre todo en matemática.

PISA 2025 ha alcanzado una proporción mucho mayor de adolescentes de 15 años escolarizados en octavo grado o en un grado superior, lo que se ha traducido en más jóvenes competentes en lectura y en ciencias.

Al mismo tiempo, la prueba pone de relieve que nuestro país enseña una matemática que no sobrevive fuera del aula, en un sistema donde el nivel socioeconómico explica una quinta parte de las diferencias en el aprendizaje, uno de los cinco valores más altos entre los noventa países evaluados, y donde ni PISA ni la evaluación nacional dicen nada sobre la pertenencia étnica de quienes las rinden, dejando fuera al sistema intercultural bilingüe, cuando no enseña en español.

Queda por ver si el despliegue del currículo por competencias ayuda a nuestro estudiantado a movilizar los saberes trabajados en la escuela en contextos de la vida real y si ello incide en los resultados del próximo PISA. (O)

Más noticias

Patricia Naula Herembás

Patricia Naula Herembás

Licenciada en Comunicación Social con experiencia en medios tradicionales y digitales. Hace coberturas y redacción de temáticas de emprendimiento, empresarial, sociedad e interculturalidad.