No sé si lo que nos llena a los cuencanos responsables y sobre todo que amamos a nuestra querida e ilustre ciudad puede llamarse vergüenza o indignación. Personalmente siento ambas cosas ante algo inaudito, nunca antes pensado siquiera en esta ciudad, que ha sucedido. El alcalde de la ciudad se encuentra fugado y en calidad de prófugo, soportando una serie de acusaciones relativas al mal uso de los dineros de la ciudad, diría al uso indebido de tales recursos, pero me temo que la expresión resulta demasiado delicada para lo que hasta este momento se aprecia como peculado.
Desde que fui un niño pude apreciar que quienes ejercían la primera dignidad ciudadana eran personas absolutamente escrupulosas, en todo sentido, pero especialmente en el manejo de los recursos económicos de la urbe Desde quien fuera el primer alcalde, Luis Moreno Mora, luego Severo Espinoza, Miguel Ángel Estrella Arévalo, Luis Codero Crespo, etc. se distinguieron por una escrupulosidad enorme. Unos hicieron más obras y generaron más progreso para la ciudad, otros algo menos, pero en cuestión de manejo de los recursos económicos, estoy seguro de que cada quien fue más escrupuloso que los demás. El timbre de distinción era ser escrupuloso y honrado y más aún en miembros de familias distinguidas.
Por lo que antecede me siento realmente mal, apabullado ante el escándalo en que vivimos estos últimos tiempos. El último alcalde súbitamente desaparece de la ciudad justificando tan vergonzoso hecho con una enfermedad de la cual no hay evidencia clara. Y a raíz de este insólito hecho comienzan a ser conocidos una serie de hechos increíbles: adjudicación de contratos para obras públicas de manera no clara, turbia diríamos, por decirlo con delicadeza. Aparentemente hay beneficios ilegales a empresas vinculadas con la familia del exalcalde, conciertos que no se realizaron pero que, si fueron pagados, y así, de esa forma, hechos incorrectos que deberían ser explicados y demostrados satisfactoriamente.
Con una aparente mala intención ha viajado a México, país encubridor de delitos y delincuentes, que los protege y no acepta la extradición; es decir allí se sentirá completamente protegido de la justicia ecuatoriana que, sin ser ninguna maravilla, a veces si sanciona y castiga a los delincuentes. (O)









