El Aeropuerto de Cuenca comenzó a construirse a finales de 1939 a cargo de la compañía estadounidense Panagra, sobre terrenos donados por Hortensia Mata de Ordóñez. Inició sus operaciones comerciales el 25 de abril de 1941 con el aterrizaje de un Douglas DC-3, el primer avión comercial.
Posteriormente, la pista y la terminal recibieron múltiples expansiones a lo largo de los años, destacando la pavimentación en 1982, y la renovación del terminal en 1984 y 2008.
El 1 de noviembre de 2005, el Gobierno Nacional entregó el Aeropuerto Mariscal La Mar (AML) a la Municipalidad de Cuenca para que pudiera reconstruirlo, mejorarlo y administrarlo, ya sea de forma directa o mediante delegación. Para ello, el 10 de mayo de 2006 se aprobó el Estatuto de la Corporación Aeroportuaria de Cuenca (CORPAC) como una persona jurídica de derecho privado y sin fines de lucro.
Durante estos 20 años, el trabajo desarrollado por la CORPAC ha sido intenso para modernizar y acreditar al AML, constituyéndose así en un nodo de conectividad fundamental para la región sur del Ecuador (Azuay, Cañar y Morona Santiago), una arteria de transporte de pasajeros, un motor económico cantonal.
Frente a los recurrentes cierres por deslizamientos en la deficiente red vial estatal (Cuenca–Molleturo–El Empalme, Cuenca–Girón–Pasaje y la Panamericana Norte), el AML representa el único enlace de transporte rápido, seguro e ininterrumpido para el abastecimiento emergente, la movilidad ciudadana y los traslados en la región austral.
Los registros de tráfico aéreo de la CORPAC indican que en el año 2025 hubo 7.528 vuelos, lo que representa el 7,8% del total nacional; es decir, 20 vuelos diarios entre arribos y salidas.
Las limitaciones actuales de la CORPAC son, evidentemente: contar con una pista de tan solo 1.900 metros en plena urbe y los escasos ingresos generados por los 10 aviones que llegan diariamente al AML, los cuales apenas cubren los costos operativos.
La reubicación del Aeropuerto de Cuenca enfrenta grandes obstáculos debido a que el cantón posee un territorio pequeño y lleno de estribaciones. A esto se suman las millonarias inversiones requeridas y un número de vuelos que no alcanzaría para cubrir ni siquiera los costos operativos de un eventual nuevo aeropuerto localizado en Victoria del Portete. (O)







