Se acercan las festividades navideñas y en Ecuador, como en otros países, se acostumbra “arreglar” lo pesebres, árboles de navidad y otros elementos desde pequeños, medianos, hasta descomunales, de acuerdo con la tradición, pero aupado por el consumismo y la competencia. Los arreglos a más de lo religioso y con la iluminación navideña tratan de mostrar a una ciudad cada vez más hermosa para propios y extraños.
En este contexto, casi que, estamos seguros de que, en Cuenca, y en otras ciudades, dentro de pocos días, comenzarán las correspondientes instalaciones eléctricas para dar luz y colorido a calles, avenidas y, sobre todo, a sitios icónicos de la ciudad, no faltando la confección y colocación del árbol de ser posible el más alto para la “competencia” y, obvio, colmado de foquitos y figuras que se mostrarán llenas de luces y colores. Está bien, como un atractivo para propios y extraños, sin embargo, en los momentos actuales y con el déficit de energía eléctrica, con el peligro de que comiencen los famosos apagones y el racionamiento, creemos que todos debemos colaborar para que haya ahorro de energía eléctrica. La alcaldesa y su entorno no quedarán mal, al contrario, sería imprudente e irracional ante una situación emergente.
Es aconsejable que los ciudadanos evitemos iluminar con las luces navideñas “desde la entrada de la casa hasta los balcones”. Es menester ahorrar cuando estamos sufriendo los efectos del Fenómeno del Niño. El ejemplo debe salir de los medianos y gigantes negocios como de los “malls” que deben ser los primeros en tratar de ahorrar energía eléctrica, también de los “otros”, caso contrario, ojalá que no suceda, volveríamos a transitar por las calles, sobre todo, del centro histórico, colmadas de motores que son insulto y atentado a la salud auditiva, respiratoria y mental de los cuencanos y visitantes.
No es una venia al Gobierno. Ojalá no se llegue a la carencia de la energía eléctrica y, por ende, a la oscuridad que es aprovechada por maleantes, además del daño de aparatos eléctricos y el caos vehicular en una ciudad donde el NÚMERO DE VEHÍCULOS CASI COMPITE CON EL NÚMERO DE SUS HABITANTES. (O)







