Desde hace varios años se viene hablando en el país sobre el fenómeno de la “polarización política”, llamando de esta manera a la presencia de dos corrientes que sobresalen con mucha distancia de las demás. Por un lado está la corriente correista y por otro la corriente no correista. Los primeros gobernaron el Ecuador entre el 2007 y el 2017, y los segundos entre el 2021 y hasta la fecha. Un período de transición, por llamarlo de algún modo, entre el 2017 y el 2021, llevó al poder a Lenin Moreno, ex vicepresidente de Rafael Correa, quién terminó su mandato enemistado con sus promotores y con una historia de irregularidades, cuya cola continúa sorprendiéndonos hasta la actualidad.
No coincidimos con el criterio de tratar a la polarización política como una circunstancia negativa en la vida de una nación. De hecho, sistemas democráticos importantes como el de los Estados Unidos, que tiene solamente dos partidos políticos, el republicano y el demócrata. Inglaterra igual, con los conservadores y los laboristas. Uruguay, hasta hace no mucho, con el partido blanco y el partido colorado. O, España, con el Psoe (partido socialista obrero español) y el PP (partido popular), dan muestras, con los altibajos de rigor, de confrontaciones manejadas con madurez y sentido político de patria. No mantengo como tesis la desaparición de las minorías, pero tengo la firme convicción de que las mayorías vigentes tienen la obligación de dejar de lado sus intereses y chanchullos, comprometiéndose a empujar la nave del Estado en la dirección de las aspiraciones comunes.
No puede ser que luego de elegir un gobierno, la mitad de los habitantes del país, que votaron por el movimiento triunfador, se mantengan a la expectativa de sus ejecutorias, mientras la otra mitad, la que votó por el partido perdedor, se dedique a denostar las acciones del nuevo gobierno, a criticarlo por lo que hace y por lo que no hace, en suma, a desear que ojalá se destituya del poder a los mandantes de turno. Y claro, vendrá a lo mejor un nuevo oleaje, que ponga a los perdedores de antes en el podio de los ganadores y viceversa, mientras el país continúe perdido… ¡a causa de la polarización! (O)




