En circunstancias de abordar el avión en el Aeropuerto Internacional Viru Viru de San Cruz de la Sierra, Bolivia, retornando luego de participar en el XIII Encuentro Internacional de Poesía Ciudad de los Anillos, en junio pasado, recibí una llamada telefónica de la profesora Ruby Estévez, directora de la Casa de la Cultura Ecuatoriana “Benjamín Carrión”, núcleo de Imbabura (institución de la cual soy miembro de número desde el año 2001), con la finalidad de solicitarme un manuscrito dentro del tenor de mi trabajo literario para su inmediata publicación. De aquel momento a esta fecha tengo la grata satisfacción de anunciar el aparecimiento de Bitácora en papel arrugado (2026), que está dedicado aAníbal Bonilla Yánez, mi padre, fervientemente. Así, también, con el alimento nutricio del hondo afecto lego a mis hijos Aníbal Fernando y Mateo Josué, este cuaderno de apuntes.
Los textos recopilados en este libro, que intentan superar lo efímero, son el resultado de mi pasión mayor por la escritura. Han sido seleccionados a partir de la labor periodística expuesta en esta columna en diario El Mercurio, de la ciudad de Cuenca, así también, de manera medular, del compromiso literario que deviene como arte liberador, diseminado a lo largo de los últimos años en distintas revistas digitales de España, Venezuela, México, El Salvador, Colombia, Bolivia.
En sí, son reflexiones y sentimientos que emanan desde la óptica personal, y van tomando cuerpo en la extensión de un pensamiento que pretende contener firma propia. El artículo de opinión se entremezcla con variada temática ante el interés y la preocupación, por ejemplo, sobre la cultura, la política, la historia, la urbe, el don creativo cimentado en la metáfora, en síntesis, el cometido por revelar los sueños y desventuras del ser humano. Se suman, reseñas de libros, cuyos géneros, bordean lo lírico y narrativo, sin dejar de lado, el mestizaje textual que transgrede los límites establecidos por la preceptiva. Por eso, cabe la crónica como molde comunicacional, el ensayo como multiplicador de ideas, y el ejercicio metapoético. Podría decir en condición de autor que es un guiño de amor inacabable al acto de escribir, “esa especie de volcán”, como mencionó Marguerite Duras. Las páginas de Bitácora en papel arrugado se nutren de muchas lecturas y de muchas autoras y autores, tal vez, para dejar una huella en el papel en blanco y darle sentido a esto que denominamos vida. (O)





