Daniel Noboa felicitó a Lula da Silva por su triunfo electoral, demostrando equilibrio en su accionar político. A este cumplido, se sumaron varios presidentes de lo que llaman la derecha latinoamericana; quienes no lo hicieron, cometieron un craso error. El octogenario presidente se reeligió en buena lid, y eso es fundamental.
Los populistas de baja ralea, en cambio, se inventan trapacerías para desconocer los triunfos legítimos de sus oponentes, como la inverosímil teoría de la tinta saltarina, u otras sandeces, como las peticiones de revisión del 100% de las actas de los comicios, o la apertura de las urnas para contar voto a voto.
Bolsonaro consolidó un respetable 48,2%, lo cual demuestra que la polarización del electorado en varios países ya no es casualidad. El candidato liberal cometió errores de bulto en la recta final, como la de calificar a su oponente como nueve dedos, burlándose de un defecto físico originado en la época en la cual Lula era un joven tornero en la fábrica metalúrgica Independencia en São Paulo.
Frente a propuestas radicales de Bolsonaro como la de reducir al máximo el gasto público, recortar la administración federal, disminuir la burocracia eliminando diez ministerios, los indecisos prefirieron seguir con el modelo del Partido de los Trabajadores (PT) que reivindicó el impulso a la reducción de las horas laborables de 44 a 40 semanales, y la populista oferta de incrementar impuestos a los sectores de mayores ingresos con más cargas a los «superricos”.
Lula ha practicado la integración con el Mercosur, tiene una relación económica clave con EE. UU.; y, es por todos conocido su afán de fortalecer el BRICS integrado con Rusia, India, China y Sudáfrica, cuyo objetivo central es crear estructuras financieras diferentes frente a la de los países occidentales, para ir desplazando poco a poco al dólar como moneda referente. Justo hace dos años que el BRICS se reunió, dos de sus miembros cambiaron ciertas metas: a China le interesa el control de Taiwán, y a Rusia el victimizarse por la guerra con Ucrania.
El papel de Brasil en la economía sudamericana y mundial es gigante. El PIB de 2.800 mil millones de dólares es casi 22 veces más grande que el de Ecuador (130 mil millones), siendo clave para nuestro país aprovechar, por ejemplo, la base industrial diversificada brasileña en las áreas automotriz, de celulosa, y calzado.
Frente a los sesgos ideológicos presentes luego de la elección brasileña, la madurez de los países cuyo propósito es mejorar la economía de sus pueblos, han descartado cualquier provocación de los insufribles que quieren ver el triunfo de Lula como la reivindicación del modelo progresista torcido cuyo afán es encontrar la manera de crear una armadura de contención ideológica, apalancándose en lideres como el presidente reelecto, frente a las “molestosas” investigaciones de la justicia, y el fortalecimiento del cacareado “law fare”. La posición del Ecuador es digna de felicitar, y mucho más el agradecimiento de Lula Da Silva, que dejó mudos a los revolucionarios de la RC, a quienes ni bola les paró. (O)





