Un nuevo feriado largo, en el que la hermosa Cuenca otra vez es el centro de atracción, peregrinación, relajación y relajo para propios y extraños, aunque a muchos de los naturales del lugar se les pone los pelos de punta al tener que padecer por el tráfico y las montoneras presentes a toda hora y en cualquier lugar.
Nuestra hermosa ciudad, en cualquier feriado, y sobre todo en este en que se celebra también su independencia, se atiborra de gente y ruido. Con tanto foráneo hasta el cantadito al hablar se pierde en el barrullo de monos, norteños y extranjeros que parece nos vienen a invadir.
Todos son bienvenidos pero les pedimos mesura, comportarse como buenos huéspedes, para que si dependiera de nosotros los volvamos a invitar, háganse a las costumbres del lugar, no vengan a criticarnos en nuestra propia casa ni pretendan que mutemos para agradarles.
Esperemos que no llueva mucho para aprovechar y caminar, ir de feria en feria aunque sea solo a “gustar” si no hay platita para gastar.
Un feriado más en el que ¡Viva Cuenca! tenemos que corear. (O)






