La cuencana Luz María Gonzáles Luna mantiene vivo el espíritu del Pase del Niño Viajero, una de las tradiciones más emblemáticas de Cuenca. Su legado será honrado el lunes 1 de diciembre de 2025, cuando el Concejo Cantonal de Cuenca entregue la presea “Cuenca Patrimonio Cultural de la Humanidad” también a Sor Leonor María del Espíritu Santo, Ruth Carmen Llivipuma Pulla, Anita Patricia Pulla Álvarez y Aida Leonor Bustos Cordero.
Diario El Mercurio conversó con Luz María para conocer su historia de vida y su dedicación a la preservación de esta tradición.
La vida dedicada al Pase del Niño Viajero
En el patio de su casa, en la calle La Condamine, Luz María Gonzáles Luna observa el movimiento del barrio desde una silla de madera. Tras una breve lluvia, el sol ilumina las polleras bordadas, mantos brillantes, coronas y figuras religiosas que reposan a su alrededor. Este espacio funciona como un templo íntimo del Pase del Niño, y Luz María, con 93 años recién cumplidos, es la custodia silenciosa de esta tradición cuencana.
“Lo que más me acompaña es la alegría”, dice mientras acomoda un traje infantil bordado con mullos. “He trabajado toda mi vida. Primero ayudando a mi papá con los carros alegóricos, luego con mis hijos. Eso me alegra”.
Una tradición que atraviesa generaciones

Luz María nació un 22 de abril y, aunque habla despacio, su memoria conserva los recuerdos de los primeros carros alegóricos, cuando no había materiales ni adornos, y todo se alquilaba. Su padre decidió invertir en los elementos necesarios, dando inicio a una tradición que se mantiene viva hasta hoy.
“No tengo un carro favorito. Todos”, comenta. Sus seis hijos han participado como San José, Virgen y pastorcitos, y cada carro ha sido elaborado con dedicación y fe.
Hoy, su hijo mayor, Patricio Gonzáles, de 63 años, continúa la labor familiar.
“Es una alegría enorme ver que mamá recibe este reconocimiento. Esto no nace solo de ella, viene desde mi abuelo Francisco, quien ya en Semana Santa arreglaba la Santa Cena. Nosotros crecimos entre telas, figuras y oraciones”.
La fuerza de la tradición pese al tiempo
Con los años, Luz María ha perdido movilidad, pero no la voluntad. Usa un andador, pero desde su silla sigue vigilando, preguntando y orientando a quienes trabajan en los carros alegóricos. Su nieto, David, destaca su legado:
“Ella trabajó con las manos, la imaginación y el corazón. Nos enseñó que cuando uno ama algo, todas las manos sirven. Esta tradición es nuestra Navidad”.
Mientras el barrio avanza con rapidez, Luz María mantiene un ritmo pausado, cuidando cada puntada y recordando la historia familiar: las instrucciones de su padre, las risas de sus hijos y los murmullos de los nietos antes de salir a la pasada.
Un homenaje lleno de humildad y fe

Luz María recibe el homenaje con la humildad de quien nunca buscó aplausos:
“Le agradezco al alcalde. No pensé que alguien se iba a fijar en mí”, dice bajito, mirando sus tejidos.
Y deja un consejo claro para las nuevas generaciones:
“Que sigan con la misma fe, con la misma tradición. Que no se pierda la pasada. Yo he conservado todo esto… y ojalá lo conserven también”.
Mientras acomoda una pollera sobre sus piernas, Luz María no solo mueve sus manos: mueve también la historia de Cuenca, reconocida hoy como una de las portadoras del patrimonio intangible de la ciudad. (I)







