Anahí Caicedo, una bebé de 11 meses, falleció la madrugada del jueves, 19 de febrero de 2026, en su vivienda en Tiwintza, provincia de Morona Santiago.
La niña padecía síndrome de Down, convulsiones y complicaciones respiratorias.
Se alimentaba mediante un botón gástrico y había pasado varios meses hospitalizada en Cuenca.
La información fue confirmada por Gustavo Lasso, voluntario del colectivo Violín Rojo, organización que acompaña a familias amazónicas en procesos médicos fuera de sus comunidades.
La historia de Anahí se volvió conocida en Cuenca por el esfuerzo de su padre, Luis Caicedo, quien viajaba desde su finca para vender productos agrícolas y financiar el tratamiento de su hija.
Meses de hospitalización y una UCI
Anahí recibió atención en el hospital de Méndez y en el Hospital Vicente Corral Moscoso, en Cuenca.
En esta casa de salud permaneció varios meses internada por una neumonía que la llevó incluso a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI).
Tras ser dada de alta regresó a su comunidad, pero una nueva complicación respiratoria obligó otro ingreso en Méndez. Tenía prevista una cita médica en Cuenca el próximo 18 de marzo.
Su estado de salud exigía controles constantes, medicamentos especializados y leche de fórmula. Los costos superaban las posibilidades de la familia.
Tres horas en canoa para vender plátano y yuca
Guardia Ciudadana impidió la venta en su punto habitual
El martes, 17 de febrero de 2026, pese a las intensas lluvias, el mal estado de las vías y una falla mecánica durante el trayecto, Caicedo arribó nuevamente a Cuenca con su cargamento.
Sin embargo, la Guardia Ciudadana le impidió instalarse en el sitio donde solía vender.
Ante la restricción, se trasladó al parqueadero del Hostal El Vergel para continuar con su actividad.Mientras intentaba reunir recursos, la tragedia avanzaba en su comunidad.
El día previo al fallecimiento no logró regresar a tiempo a Tiwintza.
Cuando finalmente llegó a su vivienda, recibió la noticia: su hija había muerto.


Amazonía y salud: abandono estatal
La historia de Anahí vuelve a poner sobre la mesa la realidad que enfrentan familias amazónicas que deben trasladarse hasta Cuenca para acceder a atención especializada.
Voluntarios gestionan apoyo económico e incluso la compra de féretros cuando los niños fallecen lejos de casa.
En varios casos, los ataúdes son envueltos en fundas negras para poder trasladarlos en buses hacia comunidades como Taisha o Tiwintza.







