Encapotado y feo estaba el cielo. Los participantes del sainete tenían puestos sus ojos en la neblinosa cúpula. Un punto diminuto fue divisado y en seguida, luego de señalar con el dedo su apenas perceptible y lejana imagen, se desató un estruendoso aplauso entre la comitiva. Grandes tanqueros cisternas se colocaron en postura de tiro, …











