Aún persiste el pasmo que ocasionó el dantesco episodio del martes de la semana pasada en las cárceles de Guayaquil, Cuenca y Latacunga con el saldo de 79 presos asesinados a mansalva y el escarnio de cercenamientos innominables por bandas delictivas, en una suerte de contingencia de un mundo sin Dios. Ese día recibí como …









