Ante situaciones trágicas tenemos dos opciones, la primera es aceptar que haya sido así, olvidarnos de la situación y acostumbrarnos a vivir en su compañía. La otra conducta es llenarnos de amargura, protestando por lo que es inevitable y terminar con los nervios desechos. Cuenta la historia que Earl P. Hanney padeció de úlceras duodenales. …


