En un país accidentado y poco entusiasta con su futuro, no cabe un silencio cómodo. Cómodo es mantenerse a un ladito, mirando, observando, criticando en la mesa del domingo. Esperando el desenlace. También es cómodo el «mientras a mí no me afecte», «mientras yo siga con mi negocio o trabajo». El Ecuador atraviesa, hay …


