Decidimos seguir adelante aun sabiendo el final. Nadie miró la puerta. Nadie bajó los ojos. Nadie ofreció cuartel. Pero hoy, para esa mirada que sabe a despedida, no tengo respuesta. Tomo del estante una botella de ron añejo, brillante y oscuro. Lo sirvo sobre un leve fondo de amaretto lustroso, usando un par de copas …


