OPINIÓN| El viernes antes de ingresar al seguro me llamó el chino, estaba muy mal y me dijo “hermano hasta aquí llegué, estoy entregando el equipo, cuídate, un abrazote mi querido hermano. Adiós”. Un momento de suspenso inevitablemente nos pusimos a llorar, se fue y el teléfono se cortó. Un sabor amargo y un nudo …


