Érase una vez, en medio de la selva, una Rosa amazónica de rara belleza, es decir, muy fea. Tan fea era que destilaba un olor a podredumbre. Los inescrupulosos que pasaban cerca de ella quedaban hechizados por su hedor, el que penetraba hasta sus más recónditos pensamientos instruyéndolos a que roben bien y justifiquen sus …











