Movido por la pasión a los caballos, treinta y cinco años atrás y aconsejado por un conocedor que terminó siendo un ladrón contumaz, decidí, acompañado de mi hijo, viajar a Zuleta, la mítica hacienda de los presidentes Plaza, para adquirir caballos finos. Y fuimos fletando un gran camión. Recibidos cortésmente mientras pactábamos el pecio, compartimos …











