«Amor de todas mis vidas», proclama un grafiti de letras amarillas sobre una pared de ladrillos rojizos, junto a la iglesia de María Auxiliadora, en Cuenca. Aquella declaración, de autor desconocido para quien escribe estas líneas, parece haber encontrado, sin proponérselo, un significado distinto en ese rincón de la ciudad. A sus pies, entre ramos …











