¡Qué maravilla! El mundo entero está descubriendo que la gastronomía ecuatoriana es de primera. La competencia organizada por el influencer español Ibai Llanos ha desatado una ola de comentarios internacionales, y lo más grato es ver cómo los ecuatorianos nos unimos para resaltar nuestras raíces. Algo muy parecido a lo que sentimos cuando juega la Tri, que está a un pasito de otro Mundial.
En medio de tantas noticias negativas, peleas políticas, violencia diaria, estas iniciativas nos devuelven un respiro. Nos recuerdan que sí hay motivos para sentirnos orgullosos. Porque también somos noticia por lo que hacemos bien, y lo hacemos de maravilla. El turismo extranjero cada vez más pone sus ojos en nuestras playas, montañas, Amazonía y Galápagos.
Y ni hablar de nuestra mesa. Una fritada de Riobamba, una cecina lojana, una fanesca azuaya, un encebollado manabita. Cada región tiene su magia. Las manos que dan ese saborcito especial deberían ser declaradas patrimonio de la humanidad. Y claro, no falta la ensalada de hornado con agua de billete, que dicen hasta anticuerpos genera.
De eso se trata el Ecuador. Y al recordarlo vuelven los recuerdos de infancia. Las calles de lastre, el fútbol con los amigos del barrio, los árboles de capulí, las casas improvisadas con madera y zinc de las construcciones. No había celulares ni tablets. Si nos portábamos mal, nos corregían con mano dura. Era otra época. Había vecindad.
Hoy, en cambio, la vida nos toca la puerta con un mensaje distinto: unidad, camaradería, amistad. Dejar atrás resentimientos, olvidar diferencias políticas y trabajar juntos. Qué lindo que afuera nos reconozcan, pero más lindo todavía demostrar unidad en casa.
Ahora sí: a votar por el bolón. Eso sí, acompañado de un cafecito pasado. (O)