Este lunes 10 de noviembre de 2025 se cumplió diez años de la publicación del artículo “La noche de los Giles”, escrito por Edmundo Maldonado (+) en diario El Mercurio.
Una radio emisora de Cuenca difundió una falsa noticia, más claro, un rumor: que a las tres de la mañana del 4 de noviembre de 1985 habría un terremoto en la ciudad.
Como nunca ocurrió, la estampida humana para ponerse a buen recaudo dio lugar al desborde imaginario del inolvidable “Loco”. Escribió una de las columnas más satíricas del periodismo azuayo.
¿Y? Y nada pues. 40 años después siguen los giles, las gileadas, nos creen giles; otros se hacen los giles. Veamos.
A Cuenca llega una vicepresidenta con poca pinta, y junto a un ministro, al que solo le faltó su chaleco antibalas de cartón prensado, pone una ofrenda floral en el parque Calderón, se hace la gil y dice que con eso homenajeó a la ciudad por sus 205 años de independencia.
¡Qué gileada! Y hubo giles que lo creyeron, comenzando por el gil que habita en la esquina del parque, aquel que dice que la seguridad en la urbe le compete solo a su gobierno. Tanto lo cree que en uno de estos días los delincuentes podrían terminar desgominándole el moño.
Pero antes, llega un presidente. Un día viene, canta, sortea un pichirilo, y se va. Al siguiente, regresa, entrega unos “nobonitos” y se hace humo. Al tercero vuelve, se pasea por una feria, se hace el gil, asiste a un loreo seudoperiodístico, y el muy gil piensa que con eso basta para homenajear a Cuenca cuyo “Quimsacohazo” para defender el agua así como él defiende su avena Quaker, aún le duele.
Habrá giles que se coman ese cuento; ¿o es que nos consideró giles?
Y aquel que se hace el gil ocultando sus ganas por reelegirse, se habrá quedado con esas otras ganas de decirle unas cuantas cosas al susodicho en la sesión solemne.
Pero el “presi”, ni gil. La “vice”, igual.
Y los cuencanos, como unos gran giles, soportando estas peleas propias de un barrio de Gilandia.
Y eso de que quiere reelegirse don “Christian”, ¿será cierto? ¿Habrá giles que digan que no? Yo, sin hacerme el gil, digo que sí, solo que no sé si por la ID (¿aún existe este partido? Ni “IDea”), o por el correísmo, cuyos troles, giles y gilachos le respaldan y le defienden.
Y si al contrario de lo que pasó hace 40 años, o sea giles corriendo despavoridos, de que hay, hay giles que no saben de que son giles; se hacen los giles o se creen giles inspirados; son giles telescópicos porque hasta entre sombras se nota de que son giles; o son giles laboriosos porque se pasan haciendo gileadas todo el tiempo. (O)






