!Feliz Año Nuevo! se ha convertido en el sentir universal, una frase, un deseo con mucha profundidad, con inmensas posibilidades que auguran un Nuevo Año pleno que está por llegar o que ha llegado ya, pleno en aspiraciones. La noche del 31 de diciembre y el 1 de enero conllevan una suerte de esperanzas y de promesas muy especiales. Son los días en los que quisiéramos estar junto a nuestros seres queridos y amigos cercanos. Un abrazo, una llamada constituyen una práctica común en estos días del año. En Ecuador y también en otros lugares de América, la despedida del Año Viejo comporta un ritual muy simbólico: la quema de un monigote que deberá ser llevado al fuego, para expresar el final de aquellas experiencias no tan gratas del año que finaliza y ante la llegada del Nuevo Año que deberá venir con toda suerte de esperanzas y bendiciones. La noche del Año Viejo ha de llegar, no solo con la quema del año viejo sino también con la lectura de un Testamento que con el ingenio de quienes lo escriben, se espera fervientemente la conclusión de todo lo malo del Año Viejo y la llegada de todo lo mejor que deberá traer el Año Nuevo. !Feliz Año Nuevo para mis lectores y amigos! (O)





