Los gringos que desde hacia varios años radican en Cuenca y otros que siguen llegando son el síntoma de cuan atractiva, emprendedora y prometedora es la ciudad.
También hay habitúes llegados de otros países.
No pocos se refieren a Cuenca como “Gringolandia”, aunque bien le quedaría “Gringopamba”.
Sí, pero de manera sostenida y sin que muchos lo noten a la ciudad están arribando familias enteras desde la Costa.
Esos compatriotas no radican en el Centro Histórico. No, qué va pues. Ni siquiera en sus inmediaciones.
Basta un recorrido por las “afueras” de la ciudad, de la ciudad del bullicio, de los capibaras en el parque Calderón, de la bohemia y el humo, para ver la presencia de los “Monos”, como peyorativa y despectivamente no pocos los identifican, tal como ellos a nosotros como “serranos come mote” o “paisanos”.
Han arrendado portales, tiendas pequeñas, zaguanes; o “arrimaditos” por ahí para ofrecer maduro frito, “pecao frito”, caldo de manguera, un popurrí de ceviches, emborrajados, corviches, tripa asada con repe…
Digamos con crudeza: cuando menos los que buscan sobrevivir trabajando. Les basta una tolda, un fogón, una cocina, hablar de su “Barselooona”, un parlante, una mesa y unas cuantas sillas para armar un “agachadito”.
Dense una vuelta por la feria libre El Arenal, y verán a cientos de hombres y mujeres de la Costa, pululando, vendiendo desde imperdibles hasta zapatos “Nike”, falsetas por supuesto.
No hay barrio “afuereño”, ni parroquia rural de Cuenca, en la que no se mire a esos “nuevos vecinos”. Por naturaleza son alegres; pero muchos caminan como con la mirada perdida, como expresando “y ahora qué nos hacemos”, no sin antes ser vistos con rareza, con recelo, con los prejuicios de siempre.
Llegan, los más, expulsados por la violencia criminal que asola sus lugares de origen, esa violencia que se traduce en secuestro, “vacunas”, reclutamiento de menores de edad para el sicariato, de otros para que se sumen a las bandas. En fin…
Ah, y cuánto pagarán por los arriendos en esta Cuenca cara, que hasta se precia de ser la más cara del país.
Desde mi “supina ignorancia”, diría que en esa “costeñización” de Cuenca algo reverbera, algo se cocina. Que alguien le coja el pulso a esta situación social en su real magnitud. No hablo de discrimen por si acaso.
Dos disquisiciones:
1.- ¿Qué le convenía más a Venezuela: seguir en manos de Maduro y Cía. Ltda. por tiempo ilimitado; una guerra civil para librarse de su dictadura; o la invasión militar de Mr. Trump?
2.- ¿Cuál “trinca académica” dirigirá el rumbo de la Universidad de Cuenca? (O)









