Este 2026 está potente. Qué bestia. No han pasado ni quince días y la política ya anda turbulenta. Con el asesinato de alias Marino se destapó una olla de grillos que salpica a todo estrato social. En especial, se ha develado el modo operandi de ciertos pelados aniñados que supieron disfrutar de una vida de ensueño, pero con dinero medio manchado. Y ni hablar de la asambleísta que parece padecer problemas seniles.
En fin. Eso del narco dejémoslo para otro rato. La verdad es que me retuerce la panza enterarme de los chanchullos de gente que aparenta tener negocios exitosos, pero que al final resultan ser una cortina de humo. Los que deben estar dándose contra el piso son unos ciudadanos que han invertido en bitcoin y se les llevaron la guita.
Resumen cuete. En Cuenca se conoció hace pocas horas que unos ingenuos pusieron un billetote fuerte en supuestas inversiones digitales. Lamentablemente, las “empresas” cerraron el changarro y se llevaron el santo y la limosna. Se hicieron plumas con la plata y los “inversores” se quedaron pateados.
A ver. Yo no soy experto en inversiones, trading, criptomonedas, blockchain y todos esos términos que, básicamente, significan que su efectivo es captado por una organización que dice invertir en intangibles. Entiendo que hoy en día eso está de moda. Es la tendencia. Pero como decía Santo Tomás. Ver para creer.
No coma cuento en esos anuncios rimbombantes de jóvenes que aparecen viajando en jets privados o manejando Rolls Royce. Lea bien. Es mentira. Esos negocios no existen. No pierda sus ahorritos por querer darse la vida de magnate de la noche a la mañana. Tómelo con calma. Comprendo que la tasa de interés de una póliza es baja, pero al menos su platita está resguardada. No pague piso como ingenuo. (O)








