De leyendas a unicornios

Cuenta la leyenda que los niños de los 90’s se fascinaban con cuentos y fábulas contadas por sus padres y abuelos. Infaltable era la moraleja protagonizada por sabios animalitos, impresos en hojas de papel brillante y algunos acompañados del casete con la grabación de una voz que bien concebía su rol de cambiar los tonos narrativos y hacer sentir tristeza, alegría, peligro y ternura al pequeño público.

La liebre y la tortuga, Los tres cerditos, Caperucita Roja, fueron algunos de los títulos que nos formaban desde temprana edad. La confianza, el respeto, la verdad, se entendían en las líneas que aportaban cierta realidad, aunque era absurdo que una liebre hable y se burle, e ilógico que un lobo pueda soplar y soplar hasta desmoronar una casa de paja. Ahora, se escuchan cuentos gracias a los abuelos que aún guardan de cerquita el valor tras la historia. Pero ha migrado la literatura infantil. A una edad más avanzada nos relataban sobre “María, la guagua” y “La Llorona,” leyendas de relato tradicional transmitidas de una generación a otra. Luego era común leer Huasipungo, Mujercitas, y María. Novelas que, si bien tenían su toque de fantasía, reflejaban situaciones sociales románticas y brutales, pero realidades después de todo.

Hoy, hay un esfuerzo positivo por lograr que los pequeños lean libros desde pronta edad, aun si solo se trata de comprender los dibujos e interpretarlos con su imaginación. Es atractivo verlos leer, pero noto cómo embelesa más la fantasía que el toque de realidad. Enamoran los unicornios que vuelan entre arcoíris, esparciendo brillantina en su trayecto, desplegando frondosas alas y haciendo magia entre las nubes de tonos pasteles. Y no me tome a mal, en Pinocho, los niños que no iban a la escuela terminaban con orejas de burro, pero como que eso de “hacer volar la imaginación” se volvió más serio de lo esperado. El unicornio aparece en la mitología celta, y Escocia lo tiene como emblema de su escudo de armas real. Hay menciones de él en la antigüedad griega, asociado a la diosa de la naturaleza, la caza y la luna, Artemisa. Se creía que su cuerno tenía el poder purificar el agua y curar. Está bien que los cuentos hoy se enfoquen en la fuerza e inteligencia para sobrellevar aventuras y desavenencias, pero que no falten otros valores, por favor. (O)

Lcda. Estefanía Chalco

Lcda. Estefanía Chalco

Magister en Gestión Cultural, Licenciada en Estudios Internacionales y Comercio Exterior. Ha ejercido funciones en el sector público y privado ante organismos internacionales. Gestora de proyectos sociales.
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