La inteligencia artificial ya está en las campañas: puede traducir planes de gobierno, resumir debates o acercar la información a diversos grupos ciudadanos. Pero también puede fabricar evidencias: -audios, fotos o videos falsos- capaces de erosionar la confianza en el voto. El dilema no es IA sí o no, sino qué reglas y qué capacidades institucionales construimos.
Ecuador ya enfrenta el problema: el CNE mantiene un repositorio para desmentir noticias falsas y, junto con PNUD, presentó una herramienta para combatir la desinformación. En el proceso reciente, verificadores locales alertaron sobre contenidos manipulados con IA y noticieros falsos con avatares. Buenas prácticas regionales existen. Brasil reguló la propaganda con IA, prohibió deepfakes y creó un centro integrado para enfrentar desinformación. La lección: transparencia y trazabilidad.
Una propuesta para Ecuador sería el etiquetado obligatorio de piezas generadas con IA y sanciones por suplantación; respuesta rápida de CNE y TCE a través de sus plataformas para frenar deepfakes verificadas sin censurar el debate; auditorías y reporte público de publicidad política digital; alfabetización mediática, con enfoque en violencia política. Es una gran oportunidad si se gobierna y regula y sería una gran amenaza si se deja sin reglas. (O)
X: @monicabanegasc









