Recuerdo las lecciones de Derecho Internacional, Público y Privado. Cuánta sabiduría. Realmente luego de la experiencia brutal de la segunda guerra mundial se legisló con lucidez y por tanto objetividad jurídica.
Las realidades de las relaciones sociales, sean políticas o económicas del mundo, se analizaban a la luz de los principios y normas jurídicas que definían la finalidad del derecho que no es otra que garantizar la seguridad jurídica de las sociedades. Por tanto, de la Paz y de la Vida regulando al poder, público y privado que siempre deben actuar al servicio del bien común.
Pero, se dice que todo este discurso, no es nada más que un conjunto de palabras, claro que sí, debiendo recordarse que cada palabra expresa la idea que cada quien la concibe en la mayor facultad que nos caracteriza como seres humanos: el pensamiento crítico.
En la retrospectiva del tiempo, vemos la hornilla de los conflictos tribales como tónica real de la aún predominante irracionalidad del humanoide en proceso evolutivo al homo sapiens.
En estos días, luego de miles de años de experiencia, tenemos el escenario de la violencia predominante, que en el proceso bélico de las potencias tiene un carácter terminal que está matizado por la energía nuclear que es el punto decisorio entre la vida y la muerte. En este caso crucial, la muerte del planeta. ¡Nada más y nada menos!
En consecuencia, debemos retomar la capacidad de pensar con lucidez y organizarnos para preservar y decidir lo justo, el mundo, no puede dejar que su destino esté en manos de los poderes fácticos que deciden el destino de la humanidad como si el planeta fuera un Res Nullius a merced de los intereses geopolíticos de las potencias imperiales que pretenden repartirse el planeta.
Momento crucial para recuperar la plenitud de nuestro derecho a preservar la paz y la vida que en sentido universal nos competes a todos. (O)








