Es una dicotomía que quien escribe expresa opiniones, crea historias, o comparte su imaginación en un tono de voz que lleva un ritmo congruente al mensaje que emite; acorde a la emoción del momento, o incluso al alivio espiritual de entonces. Por otra parte, el lector, bien podría asociarse a la misma sensación, o tal como lo he descrito ya, su mente y su interior podrían estar elevándose a cielos diferentes, en un viaje con destino a un muy distinto tono de voz.
Y me pregunto seguido ¿Será que alguno de mis amables lectores, sin haberme escuchado, puede imaginar en su lectura la melodía con la que escribo? ¿Cómo es que puede darse la ocasión de leer al sonido? O lo que me parece aún más difícil si ya hemos compartido antes una conversación ¿Acaso es posible disociar mi imagen de mi voz y mis letras? Cuanto emerge en un artículo no es solo frase resumida. Hay valores que toman principio de la experiencia de vida. Hay principios que guían la realidad de cada día. Hay realidades que estampan experiencias, y hay experiencias que maniobran nuestras creencias.
Cada letra que se imprime tiene origen en el tiempo de cada uno de estos ingredientes que se echan en una honda olla de la vida. Desde este punto en el que escribo, son todos aquellos mejunjes los que hacen mi texto y me proporcionan voz. A veces escribo desde la ilusión de un futuro promisorio, con niños felices, criados en amor y respeto. Hay momentos que se parecen a una amigdalitis por cómo cuesta tragar el dolor e indignación. Pero son más los espacios para compartir un tierno filosofar. Llamados a la reflexión, tomados íntimamente como iniciativa dulce, que al mundo podría mejorar. Es el repaso propio para cuestionar la zona de confort y entonces, alcanzar una leve o fuerte evolución hacia hacernos seres conscientes del exterior, pero más aún del interior.
Tomarse el tiempo apropiado y en un espacio preparado para disfrutar de la lectura en paz, le concederá conexión con aquella voz inesperada, pero invocada en la narrativa de un escritor, la cual su mente tratará de proyectar, pero solo su corazón sabrá qué tono dar. Anhelo que su espíritu esté libre para embarcarse en más historias de novelas y artículos, de Salmos y guiones, en los que se encuentre y enlace melodiosas, o a veces firmes, voces de narración. (O)




