Empezaré diciendo que no entiendo esas divisiones tan arraigadas. Si todos somos seres humanos, deberíamos tener las mismas oportunidades, derechos y obligaciones, pero desde la historia de la humanidad eso no acontece. Se ha normalizado clasificar a ricos y pobres, cobijando la idea de que la salud y la educación son para quienes pueden pagarlas. Entonces, ¿la ruralidad, la gente de pies enlodados qué pasa?
Conformarse con lo que buenamente pueda cumplir el gobierno nacional y sus políticas públicas endebles. Y eso, que no ahondaremos en el trato o mejor dicho el maltrato que se da a las personas humildes.
«Como bien dice la letra de la canción “Quesos, cosas, casas”, de Ricardo Arjona: “Los muertos tienen sed, los vivos, culpas; los ricos tienen dietas, los pobres, hambre. Y al final la mierda huele igual, sea de príncipe o sirvienta».
Siendo así, ricos y pobres, de la ciudad y del campo, letrados y no estudiados; merecemos un trato justo e igualitario. Entonces, retomando el título de este artículo de opinión, ¡qué hospital!, el de la parroquia El Valle. Hermoso, moderno, lujoso.
Felicito a la autoridad local por conectarse con las necesidades en territorio pese a no ser de su competencia y demostrar que sí se puede. Desde lo local, desde el Municipio, se hace más que desde el Gobierno Nacional.
Si antes la gente se moría por no llegar a tiempo, ahora con el hospital municipal muchas vidas se salvarán. El Valle es el inicio de una transformación de salud en la que su edificio no le pide favor a los privados.
A más de la tecnología, infraestructura y 31 especialidades, el hospital brinda atención ininterrumpida. El talento humano debe garantizar calidez y calidad profesional. Pilas, un consejo gratis: trabajar con una nueva mirada de servicio.
El lunes 2 de febrero de 2026 marca una fecha histórica para la ruralidad: el hospital entró en funcionamiento con precios bajos y servicios como los de una clínica particular. Pero una obra no se mide solo por su infraestructura, sino por cómo trata a quienes cruzan su puerta. Obras como estas deben cuidarse y sostenerse, para que no caigan en el vicio de otras, donde se olvida que no se atienden números ni expedientes, sino seres humanos. Que el hospital no pierda su razón de ser y que el servicio no se vuelva rutina. Bendiciones al nuevo personal y que Dios les dé empatía y don de servicio. (O)





