La crisis de seguridad y confianza ciudadana que se viven hoy en día por la escalada criminal que asola la sociedad no solamente en nuestro país sino en la región y el mundo, evidencia la necesidad urgente de fortalecer la educación en los pilares sólidos de la ética y la moral ciudadana recuperando y fortaleciendo los valores de justicia y respeto a la bienes esenciales como son la vida, la libertad, el trabajo, la familia y la propiedad y, desde luego la auto estima personal, el saberse personas integrales en la plenitud de la conciencia y voluntad de obrar honestamente, no causar daño a los demás ni así mismo y respetar el principio esencial de dar a cada quien lo que corresponde, formando por tanto la personalidad humana desde la misma raíz vital.
Desde esta perspectiva la Universidad Católica de Cuenca abrió la Unidad Académica de Criminología y Ciencias Forenses en su sede de Azogues, con la visión holística de los bienes jurídicos protegidos que he señalado , por eso la ciencia penal se aborda desde el tejido interdisciplinario de la sociología, la psicología, la ética social, la doctrina y la ley penal, la jurisprudencia sentada por los tribunales de justicia y por supuesto la deontología del criminólogo, con el aval de la imprescindible cosmovisión de la investigación científica del delito, el delincuente y la pena y tal como en el mundo en que vivimos opera el subterráneo sistema internacional del crismen organizado. El delito común en sus variables criminosas de su múltiple tipificación ha sido desbordada por las mafias que invaden la sociedad con los terribles efectos de la narcodelincuencia, la trata de personas o más formas sutiles del delito internacional.
Por eso y por el interés superior de la sociedad, la iniciativa de la Universidad Católica de Cuenca es un ejemplo a seguir en la formación profesional. (O)







