Aquiles y el síndrome de Hubris

Aquiles Alvarez es el prototipo del álter ego (del latín «el otro yo») que refiere a una segunda personalidad, ya sea real o ficticia. En psicología, se usa para describir personajes distintos dentro de una misma persona, comportamiento conocido como “trastorno de identidad disociativo”. En el mundo ficticio, alguien que actúa en nombre de otro como Clark Kent para Superman.

Alvarez es un hombre afable en su mundo íntimo, aparentemente querendón y jovial con la gente por ser alcalde de Guayaquil; en su otro yo, es un guasón que se mofa de la justicia. Implicado en un caso de investigación iniciado antes de ser electo como burgomaestre, la causa cobró notoriedad en esta época que busca respetar el debido proceso, deteniendo los arcanos procederes, quizás dormidos o intencionalmente represados cuyo destino era el olvido. Si es inocente, como pregona, dejan dudas las maromas ejecutadas para que se suspenda la etapa de juicio por el presunto delito de tráfico ilegal de combustibles (Triple A) por catorce ocasiones contabilizadas hasta finales de enero de 2026, arguyendo subterfugios que van desde la presentación de certificados médicos de los abogados defensores, recursos de ampliación y aclaración, recusación de jueces, expedientes incompletos y hasta una fisura anal. Tampoco se hubiese sacado el grillete, siguiendo el ejemplo de su amigo Fernando Alvarado, de quien desconocemos su paradero real.

Esta metodología de burlar la ley tiene un componente potente de vanidad política. En la antigua Grecia, “Hubris era el pecado de la desmesura, la arrogancia que hacía a los hombres creerse dioses”. El exceso de orgullo y soberbia siempre terminan en la ruina. En la actualidad este problema psicológico se conoce como síndrome de Hubris, una enfermedad del poder que afecta a personas en ciertos cargos públicos, caracterizada, entre otros comportamientos, por la minimización de las críticas y las reiteradas amenazas públicas como cuando Alvarez expresó: “el Fiscal, al que se lo va a perseguir legalmente (…) debería pensarlo cien veces” además de victimizarse con la muletilla de moda: ser un perseguido político.

El “otro yo” de Aquiles avanzó hasta ser incriminado en el caso “Goleada”, por presuntos delitos de delincuencia organizada con fines de lavado de activos y defraudación tributaria, por los cuales le dictaron prisión preventiva.

El ingrediente funesto de esta pócima, que alardean los políticos, es sembrar las dudas en la ciudadanía sobre las actuaciones de la justicia. Con esta estrategia calamitosa tratan de posesionar a los procedimientos de la Fiscalía como inservibles, tendenciosos, o falaces, porque ellos son intocables, inmarcesibles, elegidos por la providencia, para salvar ciudades y naciones.

La Fiscalía, es el representante de la sociedad ante los tribunales, para garantizar justicia y protección a las víctimas. Jamás dicta sentencias. Aquiles Alvarez deberá probar su inocencia ante el país, luego podría ser un contendor político limpio, no como ahora que le han elevado a esa condición los carentes de autoridad moral. (O)

Econ. Gerardo Maldonado

Econ. Gerardo Maldonado

Economista, abogado. Posgrado en Finanzas y Proyectos INCAE Bussiness School. Máster en Administración en Tecnológico de Monterrey. Actualmente cursa una maestría en Derecho de Empresas. Poeta y escritor.