Los posgrados

Las políticas de educación superior del Ecuador tienen un defecto heredado desde la vigencia de la Ley de 2010: la concentración, el sobrecontrol, los funcionarios que revisan —y sobre revisan, desde lejitos—, en un andamiaje que asfixia.

Desde el año 2018 la Corte Constitucional ha entregado buenos estándares en materia de educación superior; igualmente, se hizo una reforma a la Ley y a su Reglamento que ha permitido —en amplia medida— liberar, si se quiere, mejorar las posibilidades para que las instituciones puedan florecer, desarrollar la ciencia, la docencia y la vinculación con la sociedad, en un ambiente de autonomía y rigurosidad. Pero no es ni ha sido suficiente.

Para que una universidad del Ecuador pueda ofertar un posgrado, hoy requiere la aprobación del Consejo de Educación Superior y del Consejo de Aseguramiento de la Calidad (en distintos casos), pero no únicamente aquello. Debe ser una universidad que se encuentre acreditada en el sistema nacional y cumplir con exigencias institucionales, entre otras: infraestructura, bibliotecas, gestión reglada, personal académico a tiempo completo, procesos de permanencia, evaluación académica, tasa de titulación, gestión curricular, modelo educativo o gestión de calidad. Cualificación, revistas, redes y convenios.

El problema no es cumplirlo. Una universidad seria lo hace. No por molde o exigencia, sino por calidad y capacidad de cuidar y transformar. Lo incorrecto —y lo que debería cambiar en el sistema nacional— es que hoy usted encuentra en línea maestrías y doctorados (con nombres rimbombantes) desde cualquier parte del mundo, ofertados por “universidades” o “institutos” que no figuran ni en los rankings nacionales de sus propios países y que, en realidad, parecen agencias publicitarias que no han pasado por un mínimo control, exigencia o determinación símil a la exigida para las del Ecuador. Titulan, hacen publicidad por algoritmos y llegan vía celular.

Lo grave: no tienen campus ni bibliotecas. Menos aún personal estable y probado. Cero evaluación y mejoramiento. Menos acreditación, cualificación o revistas científicas. Tampoco lo mínimo: seriedad. Esa es la oferta actual, y en el Ecuador se reconocen y validan esos títulos engañosos.

Hay que tomar decisiones. Se debe apostar por fortalecer el sistema de educación superior, controlando la oferta desleal y tutelando a los ecuatorianos. Eliminar la hipernormatividad. Permitir la autonomía y dar oxígeno a la oferta nacional y a sus modalidades. Reconocer los títulos externos que sí se deben reconocer. Los otros, no. Hay que depurar. Crear una política de Estado a favor de mejorar la universidad ecuatoriana, no de debilitarla. (O)

@jchalco

Dr. José Chalco

Dr. José Chalco

Doctor Ph.D. en Derecho, Magister en Derecho Constitucional. Abogado de los Tribunales de Justicia de la República. Profesor Titular de Derecho Constitucional en la Universidad del Azuay. Profesor de posgrado.