Hombres sabios y de autoridad, así son en nuestro mundo andino los queridos taitas. Es referencia a papá, que proviene de una voz latina e infantil tata. Tiene un uso cultural importante en la jerarquía que denota gran respeto. Estos taitas, son los padres, abuelos, ancianos, y también los elegidos como el Taita Carnaval.
Según la cantidad de comunidades de un sector hay un taita o más. La sucesión del taita carnaval se da de generación en generación en una misma familia. Se hereda el bastón, una insignia de mando hecha de un tronco cuyo cabezal se parece a un animal como la paloma, mula, o también a la representación divina de la cruz del calvario. Se termina de tallar su forma, se lo decora con globos y cintas, y se abre paso a las actividades que aúnan a mayores, jóvenes y niños, en una fiesta de juegos, bailes, canto, gastronomía y religión.
Los padres y compadres son priostes, dirigen, acompañan y contagian su alegría a la comunidad. Recibir el bastón es como un acto sagrado. Claro que hay la opción a devotar como nuevo prioste. Así dicen: devotar, porque es dedicación profunda al significado del carnaval. El taita tiene sus seguidores “churis” (hijos) quienes marcan el ritmo del juego del carnaval. El ruco taita, pide a cada uno de ellos que le ayuden portando una bandera, cantando, o ejerciendo como tesorero y llevar las ofrendas que recibe el taita de las familias visitadas en los días de carnaval.
El sábado se congregan todos en una sola comunidad, y se elige aquella que el próximo año sede será. El domingo van a misa y al salir colocan en el centro comunal, un palo encebado con hortalizas, frutas, cuyes, dinero que podrían ganarse quienes a la corona han de llegar. Pero ojo, los premios quedan para toda la colectividad, pues los dos días siguientes, vuelve el Taita Carnaval. En algarabía se visita a cada familia que un pequeño altar decidió preparar. Agua de panela con buñuelos y quesillo, motepata y chicha, cuyes y terneros, se suele ofrendar. La visita del taita, buena suerte le dará. El miércoles de ceniza, todos juntos llegarán, a pasar una misa y el festín concluirá. Los cuyes y terneros se venderán en un bazar, del cual los fondos recaudados a su iglesia entregarán. Y entonces todos se preparan, ahora, para el tiempo cuaresmal. (O)






