Fiesta popular sin restricciones ni limitantes, donde todos respiran alegría, hacen uso de gastronomía identificante, donde sobresale el famoso motepata (mute = mote y patana = cocción de granos a punto de deshacerse). El actual carnaval casi en nada se asemeja a lo que vivimos nosotros y peor aún nuestros progenitores, donde primaba una serie de aspectos al borde del salvajismo y el irrespeto al congénere, con el empleo de productos del sacrificado porcino como sangre, grasas y otros, que eran impregnados en el contendor, en medio de la guerra de agua, colorantes, serpentinas, draques, el coqueteo con la admirada señorita y la música que alegre la festividad.
Piletas e hidrantes a disposición de los armados carnavaleros, que se proveyeron de émbolos, tanques, globitos, harinas y tierra calcárea de Baños, entre otros pertrechos, para el deleite hidrófilo. Y que decir, de los jovencitos que se apostaban en las esquinas de los centrales y recordados colegios femeninos como Garaicoa, Catalinas, Asunción, Herlinda, y otros más, dotados de las bombas zarumeñas, donde estaban las elegidas como bellos blancos para el lanzamiento de los proyectiles hídricos que se lanzaron sin consideración de ninguna clase. Que brille el astro rey para que seque la mojada vestimenta de las señoritas de aquellos años, que con seguridad deben recordar de estas otrora características escenas.
“A la voz del carnaval, todo el mundo se levanta, que bonito es carnaval”, “agua o peseta” como grito de guerra que significa el pago del impuesto para no ser mojado a punto de chugo en aguacero. El pan debía ser elaborado en casa en razón de que todo se paralizaba, nadie gustaba de caminar por calles y parques, salvo aquellos que habían decidido participar activamente en el festejo. Fiesta donde las espirituosas bebidas caldean el mojado cuerpo, mitigan las penas, enferman a los sanos o acaban con los enfermos que pensaron en la falacia del alcoholaturo con la prescripción de Baco, aun cuando no tenga licencia sanitaria de la ARCSA.
En fin, fiesta de todos y alegría contagiante, de varios días, según la región y país. Que quien beba no conduzca y cuide así de su vida y la de los demás. (O)
FELICES CARNAVALES 2026




