Siendo consistentes con las reflexiones más acabadas de la filosofía política tendríamos que decir que el trabajo no dignifica al hombre. Lo único que dignifica al hombre (al ser humano) es la acción. ¿Por qué digo esto? Pues siguiendo el notable trabajo de Fina Birulés sobre el pensamiento de Hanna Arendt, ella establece tres dimensiones que explican la vida humana: la labor, el trabajo y la acción. La labor es la dimensión directamente ligada a la necesidad y su función es producir todo lo que es necesario para la subsistencia y el mantenimiento de la vida biológica (zoe). El trabajo que es la dimensión en la que se producen las cosas durables que constituyen el mundo entre los hombres, cosas que permiten el artificio humano: Esta dimensión sigue atada, no obstante, a la funcionalidad y a la instrumentalidad. Finalmente, la dimensión de la acción sucede entre los hombres sin la intermediación de las cosas. Si bien esta dimensión no ayuda a la subsistencia ni añade cosas tangibles al mundo, es la única que otorga sentido a la vida, la hace posible en su sentido no biológico (bios). La acción se distingue de las otras dimensiones porque le da la posibilidad al ser humano de devenir algo no natural. Además, está intrínsecamente ligada a la libertad, por ello tiene un carácter impredecible. Esta dimensión está acompañada de la palabra, por eso la acción es en realidad interacción y no puede desarrollarse en soledad. Solo con la palabra (lexis) podemos integrarnos al mundo, podemos definirnos y hacer promesas. La palabra tiene en sí misma un carácter público y quien la usa puede aparecer ante los demás, y ser en el mundo. El ejercicio de la palabra constituye el espacio propio de la política, un espacio que es por definición plural. Solo a través del discurso, en tanto que somos distintos, podemos conversar y podemos comunicarnos.(O)





