A pesar de que, usualmente, los entremeses políticos de la vida nacional nos mantienen pendientes y ocupados, no cabe duda de que la semana que acabamos de pasar ha sido “pródiga” en sucesos interesantes, algunos de ellos que ya venían anunciándose y que detonaron, por así decirlo, en los últimos días, y otros, cuyo curso ha sufrido algún giro poco esperado.
Lo del alcalde de Guayaquil, sujeto de muy serias acusaciones, algunas de ellas difíciles de desvirtuar y con un proceso dilatado a más no poder, debía llegar a un desenlace. No creo que, a nadie, en su sano juicio, le podría ocurrir que en algún momento los jueces iban a pronunciarse por una especie de archivo de la causa y aquí no ha pasado nada. Que por tratarse del burgomaestre de la ciudad más grande del país y apoyado por un movimiento político importante, tenga el caso ribetes notables, ¡eso es otro cantar!
Lo del juicio político al presidente del Consejo de la Judicatura es un caso digno de estudio. No entiendo, definitivamente, qué es lo que esperan ganar las fuerzas contendoras. Si Godoy es censurado por la Asamblea, su cabeza será puesta en un charol y enviada a Bélgica, donde su principal patrocinador podrá mostrarla como trofeo. Si Godoy no es censurado, seguramente renunciará inmediatamente a su cargo y la no sanción quedará como trofeo de una pírrica victoria. En ambas situaciones el gran perdedor es el país.
Y el ex asambleísta correísta Santiago Díaz, con prisión preventiva por presunta violación a una menor de edad, ha sabido nomás salir de la prisión “como Pedro por su casa”. Parece que más bien ha tenido la costumbre de ir a descansar en la cárcel después de su “agitada” actividad diaria. Qué dirán ahora los directivos nacionales de las prisiones o será que se está poniendo en práctica en el país esta especie de “prisión semipresencial”.
Y finalmente un juez ha determinado ya, con nombres y apellidos, los presuntos responsables del asesinato de Fernando Villavicencio. Que los magistrados actúen en irrestricto apego a la ley y que la búsqueda de la verdad, sin sesgos ni presiones, nos devuelvan a los ecuatorianos la confianza en la administración de justicia. (O)





