Entre los derechos humanos se encuentra uno que en mi criterio es fundamental para el correcto funcionamiento de las democracias, éste es: la libertad de expresión.
La historia de la humanidad ha demostrado que, sin la libertad de expresión, se corrompen las instituciones, se deteriora el estado de derecho y se deja al ciudadano sin defensa ante las decisiones y agresiones del Estado.
En relación a la historia de la libertad de prensa y expresión en el Ecuador, podríamos decir que: en los períodos de diversos mandatos, el periodismo honesto ha encontrado muchas coincidencias y grandes contradicciones. Ha sido respetado por mandatarios que entendieron que la libre expresión es el fundamento para la vida en democracia. Otros gobiernos, elegidos por el pueblo, han tratado de anular esa libertad fundamental, creyendo que la transparencia y la búsqueda de la verdad son los principales enemigos del poder en ejercicio. No han querido entender que el diálogo, la transparencia en los actos del gobierno y la crítica constructiva a los gobernantes; es el sendero más directo para ganar la fe y la confianza de un pueblo.
Una de las manchas más oscuras de la década del nefasto correísmo, fue el ataque permanente a los medios de comunicación independientes, política de Estado que fragmentó al mundo del periodismo en dos áreas antagónicas: una del lado del gobierno de Correa, los medios y los comunicadores alineados con una docilidad perruna al discurso del poder; de la otra orilla, los “sufridores” y réprobos que han “merecido” los peores epítetos, emitidos desde una cavidad oral biliosa y sonriente del capo verde.
Independientemente de la ideología que profesemos, hay un rasgo humano que compartimos todos: la facultad de pensar y la libertad de expresar lo que pensamos.
El desarrollo instintivo de la curiosidad en el hombre, obliga a la mente humana a explorar libre y a veces juguetonamente toda clase de temas y de males sociales.
Una columna de opinión es una VOZ SILENCIOSA a la cual los lectores dotan de sonido, son ellos quienes con su lectura atenta completan su sentido. Una columna se teje investigando y reflexionando, nace de la mirada del columnista que la comparte para generar pensamiento y diálogo.
La opinión de largo aliento concebida con tiempo y esfuerzo interactúa con la consciencia del lector, abriendo caminos de exploración. Por el contrario su contraparte el atolondramiento, se entrega al vicio rápido y furioso de publicar y compartir juicios y contenidos ignorantes e impúdicos, falsos, indignos y maliciosos, muy comunes en las redes sociales, con honradas excepciones. (O)










